sábado, 21 de diciembre de 2013

El Miedo a Hablar en Público


Actualmente es muy importante hablar en público, el 80% de las profesiones requieren de hablar en público. Muchos alumnos tienen miedo de hablar frente a la clase, pero esto es algo que los maestros podemos ayudar a superar.

Hablar en público es lo mismo que hablar de persona a persona, la única diferencia es la cantidad de gente mirando.

Para hablar en público es válido ensayar con cualquier público que se deje. Debemos de tomar todo oportunidad de hablar en público pues nos prepara para cualquier situación durante el discurso. La posibilidad de que ocurran distractores durante una presentación es infinita, lo importante es poder rescatar la comunicación efectiva a pesar de las distracciones.

Las características más importantes que debe tener un orador en su discurso son la naturalidad, la humildad y la honestidad.

La naturalidad nos quita el miedo a hacer el ridículo. El ridículo  es una sensación que solamente existe en la mente. El miedo es la barrera más importante a vencer y debemos saber reconocerlo, sus etapas y la manera de controlarlo. Cada vez que nos enfrentamos a nuestros miedos, éstos son menores.
Siempre habrá un pequeño número de personas en el público a quien no le agrade el orador o el tema, y ellos podrían ser bastante crueles al criticar al orador. Debemos tomar aquello que podemos mejorar, pero principalmente continuar haciendo todo aquello que ya hacemos bien.

La humildad nos hace conseguir la empatía del público, el público se pone en nuestros zapatos, reciben mejor el discurso y son menos agresivos con el conferencista. La humildad tiene que ver con aceptar las propias limitaciones y no tratar de aparentar frente al público toda la perfección y toda la sabiduría.
La honestidad tiene que ver mucho con las dos anteriores características del orador, debemos estar conscientes desde el momento en que preparamos nuestro discurso para reconocer que no a todos les gustará pero al menos a la mayoría sí, reconocer que no lo sabemos todo pero lo que sabemos lo deseamos compartir.

Según Goleman; las personas son contratadas por sus habilidades técnicas y despedidas por su falta de habilidades emocionales.

Porque las habilidades emocionales no se enseñan en la escuela, se enseña con el día a día. Saber gestionar las propias emociones nos permite reconocer las emociones de las demás personas, utilizar las emociones para hacer mejor mi función como orador o en cualquier trabajo frente a un público, y también para ser más feliz.

Las emociones que tenemos todos son:
Miedo
Tristeza
Sorpresa
Asco
Enfado
Alegría

Cuando controlas tus emociones puedes estar tranquilo y el discurso puede fluir sin  miedo, frustración o euforia. El público estará más empático con el orador que demuestre serenidad y que demuestre mayor educación.

Hace poco tiempo me topé con la siguiente pregunta: ¿Por qué tenemos 2 orejas y una sola boca? La respuesta: metafóricamente hablando, porque necesitamos escuchar el doble y hablar la mitad.  La mayoría de las personas no escuchan porque no han desarrollado la habilidad o porque piensan que no hay nada más importante que lo que les pueda decir su propio pensamiento y viven en un estado de abstracción. Debemos de escuchar más y utilizar todos los sentidos. El orador aprende a escuchar con los cinco sentidos mientras da su discurso y envía mensajes al público tratando de que éste lo perciba por todas las formas posibles. El orador integrará en su discurso una gran variedad de colores, aromas, sensaciones y sabores para representar las ideas de forma que el público las comprenda mejor.

El orador habla con la voz y con todo el cuerpo para que el público lo escuche mejor. Porque el orador no solamente dará a conocer un tema, hará una profunda reflexión para que el público se lleve algo que realmente le sirva en su vida y de ésta manera al orador hace valer su oficio.

Todas las experiencias nos dejan un aprendizaje, una frustración, insatisfacción o tal vez melancolía. La experiencia es la misma pero varía la manera en que tomaremos lo vivido y lo que haremos con lo vivido. El orador será muy sensitivo a la manera en que el público percibe el mensaje.

Nuestra realidad la construimos con la interpretación que le damos a los estímulos que percibimos, pero como no somos del todo consientes del valor que le damos a cada estimulo la realidad toma matices para cada quien dependiendo de la cultura, el idioma, las experiencias, etc. Por tal motivo el orador no generaliza, respeta las individualidades y las percepciones.

El que el público comprenda es responsabilidad de orador, no podemos culpar al público por no entender el mensaje o el tipo de lenguaje del discurso. Dado que el público utiliza los 5 sentidos para comunicarse y percibir, pero con diferentes proporciones cada sentido, el orador debe elegir entre varios sentidos para comunicarse con la mayoría del público.

Al público está acostumbrado a percibir el mensaje según el tono, volumen y velocidad. Por ejemplo los chistes se comentan en tono alto y velocidad rápida. Cuando el discurso es emotivo el tono es bajo y pausado.

En ocasiones abusamos del lenguaje para expresarnos y caemos en la exageración: “ es que yo siempre”, “es que lo odio”, es que no tengo tiempo”, etc. El orador no debe abusar del lenguaje, su literalidad y metáfora.
El orador es capaz de mimetizarse con el público, se pone al nivel, adopta sus posturas y estilo de lenguaje, porque lo que es igual tranquiliza y lo que es diferente choca. Cuando el orador ha podido establecer una comunicación mimetizada con el público y se ha ganado su confianza entonces el orador podrá guiar las posturas y los gestos del público.

El primer mensaje que llega al público es el no-verbal. Las posturas, gestos, vestimenta, apariencia, ademanes, entonación y volumen. Parece complicado pero es como aprender a conducir, con la práctica,  dejamos gran parte al inconsciente o la automatización.

Gran parte del trabajo que debe hacer una persona para prepararse a hablar en público tiene que ver con romper algunos hábitos y construir otros, no es imposible pero requiere trabajo y perseverancia.

Desde nuestra labor docente podemos motivar a los alumnos a superar su miedo a hablar en público. Que el alumno desarrolle la confianza suficiente para presentar sus ideas y proyectos a un público crítico y escéptico.









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