martes, 29 de octubre de 2013

El Nuevo Maestro

Está por demás describir el papel que realmente realiza el maestro, el que creemos que realiza y el que efectivamente debería de realizar. Porque para ser maestro no basta con tener buenas intenciones, con hacer de su actividad un apostolado y con seguir al pie de la letra las fórmulas excepcionales como las competencias del docente. Basta de suposiciones, de buscar caminos cortos, de suponer que si lo actual no funciona tal vez haciendo lo contrario podría ésto cambiar.

Debemos modificar el sistema educativo para que considere al maestro como el arquitecto social responsable del futuro cercano de la nación. Preparándolo, motivándolo y sobre todo responsabilizándolo; el maestro, debe de rendir cuentas porque en sus manos tiene el recurso más valioso de la nación. Debemos permitirle al maestro innovar, diseñar y aplicar nuevos modelos educativos que permitan a los estudiantes competir en un entorno global.


Debemos dar la misma importancia a la mente tanto como al cuerpo y al espíritu. Por medio de actividades holísticas donde no solamente se evalúen resultados, sino también las herramientas heurísticas generadas. 

Debemos hacer que en la escuela prevalezca  el pensamiento, la práctica y emoción por aprender. Pues es gracias a la emoción que podemos fijar el aprendizaje y posteridad en la memoria.

Esto exige un nuevo tipo de maestro, un maestro que sea tan bueno enseñando como investigando. Que sea responsable de su aprendizaje y el de sus alumnos, y que pueda transmitir esta responsabilidad a la institución educativa, a los padres y a sus propios estudiantes.

Debemos responder más a nuestros alumnos que a la currícula. Los objetivos del currículum y el perfil de egreso no pueden estar por encima de las necesidades educativas de cada estudiante por separado. Esto significa que no por estar inscritos en el mismo curso, contar con la misma edad, y con la relativa experiencia educativa; un estudiante será tratado y evaluado que el resto de sus compañeros. Más bien el alumno debe ser evaluado según su avance y es el diagnóstico inicial, el que nos permitirá identificar el mejor camino para el desarrollo del aprendizaje en cada alumno de manera personalizada.

Debemos trabajar sobre las competencias que nos hacen humanos y no consumidores. El juicio crítico, la tolerancia y la búsqueda de la felicidad personal deben ser considerados ejes de gran importancia al momento de desarrollar las objetivos de cada curso. Porque si vemos al alumno como un cliente y a la escuela como una empresa, habremos caducado antes de haber empezado y en lugar de estar haciendo un beneficio, estaríamos perjudicando más a la sociedad; y más valdría dejar a los estudiantes a los devenires de la naturaleza y confiar en la autopoiesis que inscribirlos en este tipo de seudoescuelas.

Debemos ser más alumnos y menos maestros. Hasta los maestros hemos sido alumnos algún día pero parece que lo hemos olvidado. Acaso hemos olvidado el tedio de estar 5 horas sentado escuchando  una clase que en nada se relacionaba con nuestra realidad, con nuestras preocupaciones propias de la edad, cuántas veces nos dijeron que el álgebra algún día nos será útil. Alguna vez tu maestro de matemáticas te dijo que el teorema de Pitágoras te ayudaría a calcular las dimensiones de un terreno que esperas comprar o vender, y que aun sigues esperando. Cuántas definiciones, cuantas páginas de libretas se llenaron de conocimientos obsoletos, de demostraciones de autoritarismo del maestro porque según los adultos "debiamos aprender a seguir instrucciones". ¿Qué hemos aprendido después de tanto tiempo?

El nuevo maestro no es capaz de administrar toda la información de su clase, pues existe mucho más información en la red de la que puede controlar. Porque  mientras el maestro cree dominar las formulas del mundo conocido, sus alumnos crean , violan y generan nuevas leyes para el ciberespacio. Porque el maestro es prisionero del mundo palpable y sus alumnos son ciudadanos del mundo digital. Mientras los alumnos son preparados para responder a las exigencias del mañana, los maestros no están preparados para las exigencias actuales y muy rápidamente por fortuna, más pronto que tarde, serán nuestro alumnos quienes tomen nuestro lugar pero desde la educación 3.0
Debo aceptar que no temo por la extinción del maestro tal cual es conocida, al contrario, veo con optimismo una nueva generación de docentes capaces de aplicar los nuevos descubrimientos de las neurociencias, las competencias digitales, la educación personalizada y masificada a través de las nuevas tecnologías.

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